Cuchillas en la valla de Melilla. Para protegernos. ¿De quién? De nosotros mismos. De nuestro propio miedo. Para eso levantamos muros que coronamos de alambradas con cuchillas, para que los que a pesar de todas las amenazas que les esperan a este lado de la verja, y a pesar de todas las penurias que han superado en el camino, se corten la cara, las manos, los brazos, los muslos, las ingles y el pecho. No las llaman cuchillas, sino concertinas, que suena mejor. Pero cortan igual. Una alambrada de púas enzarzada de cuchillas, para que no falte nada, para que se desgarren y se desangren hasta la última gota quienes, a pesar de todo, intenten pasar. Vergüenza sentimos por pertenecer a un mundo que necesita protegerse de esa manera. ¿Merece sobrevivir nuestro mundo si para defenderse de los otros cava fosos, levanta muros, y patrulla las fronteras del imperio del dinero? ¿Merece la pena un mundo como el nuestro que para poder vivir y dormir tranquilo tiene que mantener abiertas fosas ...