Se siguen oyendo los gritos. Gritos de migrantes ahogándose en el mar y gritos de auxilio para quienes les intentan ayudar. Canarias es un grito del que no podemos dejar de hacernos eco. Solo la empatía nos podrá convencer del sufrimiento de quienes llegan a nuestro país. Primemos la acogida y la integración. Y eso es lo que hicieron en Órzola (Lanzarote), muchos vecinos-as, la noche del 25 de Noviembre, que fueron los primeros en llegar a la orilla de las rocas, formaron una cadena humana, usaron los bidones de gasolina como boyas y comenzaron a rescatar con la única luz de los teléfonos móviles. Estos gritos llegaron a José Antonio, un carpintero jubilado, que sin saber nadar, trajo a tierra a varios supervivientes. Cuenta su familia que al volver a casa pasó doce horas mudo. Estaba en estado de Shock. Eran gritos desgarradores. Y frente a la hospitalidad del pueblo, la actitud de las administraciones, que dejan en la intemperie a los que llegan, los tiran como objet...